miércoles, 26 de octubre de 2011

CRONICA MIGRANTE

Emigrando hacia un nuevo renacer



Para Martha Vargas, era una reunión familiar como cualquier otra, en la finca de unos amigos a las afueras de Rionegro, Antioquia; en medio de esa noche fría, cuando todo parecía corriente, se aproximó una mujer con sonrisa dulce y mirada penetrante. Con un silencio profundo, tomó a Martha de la mano y la acercó hacia una mesa de madera un poco desgastada, donde la invitó a sentarse.

Sin pensarlo, esta misteriosa mujer se sienta justo al frente y saca un juego de cartas, pidiéndole a Martha que revolviera y las partiera en tres montones iguales, luego, tomó cada uno de los montones y comenzó a repartir suavemente la baraja sobre la mesa, formando con estas una media luna; un as de oros, un tres de bastos y un rey de espadas, fueron algunas de las cartas que auguraron para Martha un futuro con éxito, prosperidad, lleno de nuevos proyectos y un hombre por conocer en tierras lejanas.

- “Esa noche no tuve tiempo de reaccionar y hacerle más preguntas acerca del futuro que ella me dibujaba, todo fue tan rápido que solo me quedé con ese sinsabor de escuchar esas palabras tan fascinantes, pero que debían quedarse en eso; solo palabras, porque pensar a mi edad, en un futuro lejos de mi familia, de mi país y de mi cultura, era una completa locura”.

El 20 de Enero del 2001, sonó el teléfono en la casa de Martha en Medellín, era Edwin su hijo menor, pero esta no fue solo una llamada de rutina para saludar a su mamá, esta vez había nuevas noticias que quizá cambiarían un poco los planes de esta colombiana.

- “Ese día, cuando mi hijo me llamo, me pidió que lo acompañara a un viaje que quería hacer a Nueva York, ya que su novia que por cierto tenía mucha plata, le iba a regalar el viaje, solo para que conociera eso por allá, y sin pensarlo le dije que sí, me emocionaba la idea de conocer un país que solo veía por televisión, pero recordé que no tenia los papeles que se necesitan para salir de Colombia hacia Estados Unidos, entonces como con nostalgia le dije que no podía porque no tenía la visa, y me dijo que si yo quería acompañarlo él se encargaría del resto, que solo esperaba un sí”.

Y así fue, como se lo prometió su hijo, Martha solo dijo sí, y Edwin organizo todo para que el viaje que tenía tan entusiasmada a su mamá se realizara lo más pronto posible.


La mañana de 28 de Abril de ese mismo año, Martha y su hijo se encontraban ya en el aeropuerto José María Córdoba en Rionegro, Antioquia, esperando que los llamaran para abordar el avión que los llevaría hacia Nueva York, luego de esperar casi tres meses para pisar la tierra de aquella estatua de la libertad que solo conocían por televisión.

Allá los esperaba Doris, una prima de Martha que hace algunos años vivía en Long Island, una isla de New York, donde se instalaron durante los dos meses que inicialmente duro su viaje por la gran manzana.

- “Mi prima Doris comenzó a mostrarnos como vivía, la inclusión que tenía como mujer de edad avanzada en ese país y hasta la sostenibilidad económica que le permitía mandar a sus hijos algo de dinero en Medellín, luego de dos meses de conocer todo lo que quisimos y hasta lo que nadie quisiera conocer en un país donde solo se muestra lo avanzado y lo superior que es frente a otros países, debíamos comenzar a organizar nuestro viaje de regreso, pues teníamos tiquetes para viajar a Colombia para el 2 de julio”.

Según la visa americana de turista que les otorgaron, ellos debían volver a Colombia antes de cumplirse tres meses de su estadía en ese país, pero Martica, como le decía su prima de cariño, nunca imagino que su presente y futuro nada tenían que ver con su pronto regreso a Colombia.

- “Cuando mire hacia atrás y recordé mi vida actual en Colombia, me sentí agradecida porque fue allá donde tuve mis hijos y fue la tierra que me vio nacer y crecer, pero a los 60 años que tenía en ese entonces, ya no sirvo laboralmente, soy una mujer que debo resignarme a ser ama de casa porque ni en sueños podría aspirar a un trabajo digno en Medellín, por eso pensé, que sería rico lograr algunas de las cosas que mi prima tenia actualmente, por lo menos lograr sentirme útil de nuevo”.
Edwin, viajo de regreso a su país, como se había planeado desde un principio pero no se iba tranquilo, pues dejaba a su mamá en condición de ilegal en Estados Unidos, ya que su visa no seguiría cubriendo su estadía actual en New York y en cualquier momento Martha podía ser deportada a Colombia.

Pero ésta no era la única preocupación que atormentaba a Martha, ser deportada pasó a un segundo plano, cuando comenzó la temporada de invierno, las marcadas estaciones estaban logrando que los huesos de esta colombiana reaccionaran de tal manera que en el día debía calmar los dolores con pastillas muy fuertes y en las noches no se podía ni mover, pues sus músculos y huesos parecían congelarse.

Debido a que su estado de salud comenzaba a deteriorarse por los fríos que debía soportar su prima le dio como opción, viajar a Miami, allí las estaciones no eran tan marcadas y podía seguir con los planes que la habían llevado a quedarse en Estados Unidos.



- “En Diciembre, tuve muchos sentimientos encontrados, pues a pesar de mis dolencias, y de sentirme tan enferma, me sentía sola, me hacían falta mis hijos, mi tierra, las celebraciones navideñas, en fin que comencé a pensar si la decisión de estar lejos de mi familia, había sido la correcta, no sabía si valdría la pena dejar todo atrás, y cuando estaba más confundida, recordé las palabras de esa mujer que me leyó las cartas en Rionegro, y comencé a cuestionarme y reorganice muchas cosas, digamos que con la decisión de viajar a Miami, comenzó mi verdadera historia”.

Con la llegada del nuevo año, también llegaron nuevos planes para esta colombiana. La primera semana de Enero de 2002, comenzó a hacer todo lo necesario para viajar hacia Miami por tierra para evitar cualquier tropiezo con el problema de sus papeles, con algunas amigas de Doris, su prima, consiguió algo pequeño donde vivir, mientras se acomodaba y buscaba en que podía trabajar.

Esa misma semana, Martha viajo sin ningún problema hacia Miami, comenzó a vivir en un cuarto pequeño y consiguió fácilmente trabajo en un laundry, donde se presta el servicio de lavandería en Miami. Aquí comenzó a vivir un nuevo tiempo, un nuevo espacio y una nueva geografía, en búsqueda de la valoración personal y laboral que tanto busco en su país.

- “Allí comencé una nueva historia, nunca imagine que las mujeres de todas las edades ocupáramos papeles tan fundamental en los procesos laborales de otros países. En el laundry donde trabajo la manager que es como la administradora en Colombia es de Barranquilla y ha logrado infinidad de cosas solo por haberse trazado metas fuera de nuestro país”.

La vida de Martha comenzaba a dar giros inesperados, hasta a ella misma le daba miedo tanta felicidad, todo le estaba saliendo mucho mejor de lo que imagino y aunque el tema de ser deportada aun la asustaba un poco, tanta felicidad no se dejaba empañar por eso.

El 10 de abril del 2002, Rosa una amiga del laundry donde Martha trabajaba le pidió que la acompañara a un programa de televisión donde se había inscrito, que se llamaba puente de amor, y ella con gusto accedió, aunque los planes de su amiga le parecían una completa locura, lo que Martha nunca imagino es que ese día, su vida daría el giro más drástico de su historia hasta el momento.

- “Ese día fue lo más gracioso y extraño que me ha pasado; a esta edad, nunca pensé vivir una experiencia tan hermosa. Ese día conocí Ezequiel infante, mi actual esposo, el buscaba pareja así como mi amiga Rosa, en ese programa de televisión, yo solo estaba entre el público, pero al finalizar el programa, el me busco y me dijo que yo le parecía la mujer más hermosa que él había visto, que yo no podía ser americana, y aunque al principio todo me sonó a frase de cajón, luego me pareció que era como un sueño”.

El sueño que Martha se resistía a creer, se convirtió en su más feliz realidad, ella nunca imaginó volver a encontrar el amor luego de casi 27 años de estar separada del padre de sus hijos en Colombia.

El 21 de febrero del 2003, después de casi 10 meses de novios, se casaron, legalizando así esa unión que traería para Martha mucho más que amor y felicidad. Ella logro lo que para muchos colombianos migrantes es una completa ilusión, la residencia permanente americana, pues su esposo al ser un cubano americano, le otorgaba a ella por derecho ese status de residente, comenzando una vida completamente legal en Miami.

- “Pero lejos de imaginarme muchas cosas, esto nunca lo pensé para mi vida, hacerme residente americana no era mi sueño, pero cuando la obtuve, más que eso, vi mi pasaporte para viajar a Colombia a visitar la familia que hace 3 años no veía, ese fue el mejor regalo que me ha dado mi esposo, y sin pensarlo”.


A sus 70 años, Martha Vargas, lleva ocho años de casada y vive felizmente con el cubano en Coral Gables, una ciudad ubicada en el condado de Miami. Ella no podía imaginar como las palabras de aquella desconocida, fueron ciertas, su pasado en Colombia quizá no permitían que dimensionara un futuro tan promisorio y mucho menos poder encontrar el amor a su edad y mucho menos lejos de su país, como se lo había predicho aquella adivina.


Por: Jessica Gutierrez Gomez

OCTUBRE 26 DEL 2011

1 comentario: